Los dirigentes sindicales debemos promoverel sí en el plebiscito por la paz.

Por: Miguel Ángel Delgado R.

Por eso la responsabilidad que debemos asumir los dirigentes sindicales de la CUT es definitiva. Como uno de los sectores sociales más golpeados, conocemos como víctimas todos los horrores de la violencia desatada, por ello y por el futuro de los trabajadores colombianos nos esforzaremos al máximo para lograr una votación gigantesca por el sí, que permita apuntalar la paz en Colombia. El plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana fue avalado finalmente por la Corte Constitucional. Según los tiempos calculados por voceros oficiales este se llevaría a cabo en septiembre u octubre, o sea, estamos a tan solo 90 días para que los colombianos decidan por si cesa la confrontación armada con las Farc o continua el enfrentamiento bélico con ellas. Esta es la nuez de los acuerdos, la esencia de este proceso.

Colombia, en estos tres meses, entrará en un profundo debate político en torno a los contenidos de los acuerdos, su implementación, sus protagonistas, el llamado posconflicto y tantos otros aspectos que se derivan de ellos, pero finalmente todos, de una manera u otra, tendremos que decidir por el sí o por el no, porque la abstención en esta ocasión se une indefectiblemente al no.

Los medios de comunicación, las redes sociales y todas las formas que en que la opinión pública se expresa se inundarán de razones y sinrazones con respecto al sí y al no. El país se dividirá entonces en dos bandos.

La CUT, por convicción, por decisión y por historia, estará en la promoción al sí en el plebiscito, esto nos coloca del lado, en primer lugar de los firmantes de los acuerdos: el gobierno de Santos y las Farc, en segundo lugar, de los partidos y movimientos que respaldan el proceso de paz y, en tercer lugar, de una corriente de pensamiento democrática y progresista encarnada en centenares de organizaciones sociales y populares y en millones de colombianos.

Del lado del no estarán los señores de la guerra encabezados por Álvaro Uribe, el procurador Ordóñez, uno que otro partido que los secunda, despojadores de tierras, paramilitares en receso y en ejercicio, comerciantes ilegales de drogas y armas, cacaos derechistas y algunas personas que influidas negativamente por los errores y desmanes de las Farc y la propaganda contra los gobiernos alternativos del continente, creen en el arrasamiento y la violencia.

El plebiscito no es para respaldar las medidas sociales y económicas del santismo, o aprobarle su anunciada reforma tributaria de por sí desprestigiadas y retardatarias contra la población, tampoco es para ocultar el fracaso de la acción armada, ni las desviaciones extremas de las Farc. Menos para combatir la corrupción o para conseguir la justicia social. El sí en el plebiscito es para darle respaldo popular a unos compromisos que están diseñados para procurar una salida negociada a un conflicto armado, para que cese la acción armada de las Farc y estas, transformadas en partido, ejerzan la actividad política con garantías de seguridad y en pie de igualdad al resto de partidos y movimientos.

Si nos enredamos y nuestra campaña en vez de centrarse en el sí a la paz se diluye en mil consignas vanas y sin sentido (por correctas que aparenten ser) estamos confundiendo y no aportando, dispersando y no concentrando, llevando agua al molino fascista de la violencia y ayudando a que fuerzas agazapadas contra la paz en la vicepresidencia, gobernaciones y alcaldías se vuelvan determinantes.

Uribe, su partido y las fuerzas que se oponen a los acuerdos no son deleznables, ni una corriente que no posea arraigo en cierta opinión pública y que además está coordinada y unida. Lo demuestran a diario en el Parlamento. Se palpa en la capacidad que tiene de permear las protestas sociales, como se pudo observar con la venta de Isagén, en al paro de las dignidades agrarias o en el paro camionero el pasado 20 de julio con la utilización de estandartes negros. Cuentan a su favor que saben aprovechar los fracasos del gobierno y la mala imagen de Santos. Saben hacer alianzas y concesiones como el apoyo a Peñalosa en Bogotá. Manejan las comunicaciones y las redes sociales y utilizan una propaganda que cala en la mente de las gentes. En síntesis, son un peligro latente en contra de los acuerdos de paz y, por tanto, constituyen el enemigo principal a derrotar en esta contienda por el sí en el plebiscito.

La pasada Junta Nacional de la CUT, realizada el 6 y 7 de julio, ratificó el voto por el sí en el plebiscito adelantando una campaña independiente a la del gobierno. Es así, puesto que somos diferentes al gobierno, nuestro pensamiento y objetivos son diametralmente opuestos a las políticas neoliberales en boga. También somos diferentes a las Farc por pensamiento y por método. Igualmente nos diferenciamos de los partidos políticos y de muchas de las organizaciones sociales, inclusive de las otras centrales sindicales. Esta diversidad hace que sean campañas independientes, por el lenguaje, por la forma, por los contenidos, pero con una misma consigna y objetivo: el sí a los acuerdos de paz de La Habana. Además con un común enemigo: el que rechaza los acuerdos de paz.

Es lógico e inteligente que a la par que se desarrollan campañas independientes por cada uno de los partidarios del sí, sepamos coordinar acciones de interés común y no nos referimos tanto a los firmantes del acuerdo, sobre todo al gobierno, sino a la multitud de partidos, movimientos, personalidades y organizaciones que entienden que lo que está en juego en este plebiscito no es poca cosa. O el país se enrumba por una senda de cese de la violencia, que permita el despliegue de las luchas por las transformaciones democráticas y sociales, o nos sumimos en una oleada de terror y muerte que impedirá, como lo ha impedido, que Colombia participe por lo menos en el concierto de las naciones civilizadas. En este sentido la Junta Nacional, al recoger el anhelo de los colombianos por la paz, hace un llamado para que el ELN se incorpore, lo más rápido posible, a este proceso de salida política negociada al enfrentamiento armado, so pena de quedar en un aislamiento tan grande de la población que lo lleve a su desaparición.

En general las encuestas y los sondeos de opinión dan ganador al sí, con un margen alto por encima del umbral del 13% que significa un poco menos de cinco millones de votos. Igual existe un gran apoyo internacional por la paz. El uribismo y sus aliados intentarán ganar con el no o con la abstención. Cualquiera que sea su decisión, debemos realizar una profunda campaña esclarecedora y de convicción. Por eso la responsabilidad que debemos asumir los dirigentes sindicales de la CUT es definitiva. Como uno de los sectores sociales más golpeados, conocemos como víctimas todos los horrores de la violencia desatada, por ello y por el futuro de los trabajadores colombianos nos esforzaremos al máximo para lograr una votación gigantesca por el sí, que permita apuntalar la paz en Colombia.