Álvaro Uribe Vélez: 26 años destruyendo trabajo decente

Por Edwin Palma, Vicepresidente de la USO. Las2Orillas.co

No hay animal más desmemoriado que el hombre, sobre todo la gente joven que no vivió la dictadura. Uno aprende con lo que vive, no con lo que le dicen. Y es muy peligroso, porque es demasiada inocencia.
- Pepe Mujica.

Seis años después que Álvaro Uribe salió por la puerta principal de la Casa de Nariño, aclamado como salvador de la república, gracias a una poderosa estrategia de mercadeo político y al gasto militar más grande de la historia, un buen número de colombianos, aunque cada vez menor, entre ellos inocentes trabajadores, creen que él y su corte siguen siendo los únicos que pueden rescatar a Colombia de la conspiración comunista que, según ellos, encabeza el propio presidente Santos aliado de las castrochavistas de la “Far”.

La memoria no nos debe fallar, Uribe como senador liberal en los años 90, como presidente y ahora como jefe de la derecha extrema, nos ha hecho un enorme daño a los trabajadores colombianos.

El 5 de agosto del 2002 entré a trabajar a Ecopetrol casi al mismo tiempo que el expresidente comenzaba su ciclo en la Casa de Nariño. Y hoy con conocimiento de causa, sin que nadie me haya contado, quiero recordar lo que ha hecho el expresidente con los derechos de los trabajadores en su ya excesivamente larga carrera política.

En 1990 fue ponente en el Senado de la ley 50 de 1990, una reforma laboral que derogó conquistas de los trabajadores como la estabilidad laboral y con la que los empresarios pudieron abaratar los costos de producción, aumentar sus rentas y restringir la acción sindical en el sector privado, en donde hasta hoy los trabajadores sindicalizados son una pequeña minoría acorralada.

La famosa Ley 50 de 1990 partió en dos la historia de todos los que trabajamos en Colombia. Se suprimió la retroactividad en el pago de las cesantías, la estabilidad laboral después de los 10 años de antigüedad y se eliminó por 10 años del concepto de unidad de empresa. Crecieron como la espuma los empleos temporales y el despido masivo de trabajadores con autorización del ministerio de los empresarios, perdón, del trabajo. Tres años después, Uribe, con su aliado de casi siempre, Fabio Valencia Cossio, lideraron la ponencia de la otra famosa ley, la 100 de 1993 que privatizó el servicio de salud y hoy deja morir a cientos de colombianos en las puertas de los hospitales.

En el año 2003, Uribe liquidó y restructuró muchas empresas estatales como Telecom, en donde fueron despedidos más de 10.000 trabajadores en un día, ahh y se llevó por delante varias organizaciones sindicales que fueron tratadas como terroristas y sus líderes fueron a parar a la cárcel. El Instituto de los Seguros Sociales, el Banco Cafetero, Granahorrar, Ecogás hicieron parte de las 464 entidades del Estado restructuradas o eliminadas. Desmanteló el estado colombiano, ya bien insuficiente, para entregarlo a empresarios privados casi todos extranjeros, que no lo han hecho mejor.

A Ecopetrol la escindió en tres partes mediante el decreto 1760 de 2003 y posesionó a Isaac Yanovich como presidente con el único fin de destruir a la Unión Sindical Obrera —USO— y masificar la tercerización laboral. En diciembre de 2003 expidió el decreto 3164 de ese año para abaratar salarios de trabajadores tercerizados y logró que un tribunal de arbitramento obligatorio modificara la convención colectiva de trabajo USO-Ecopetrol para quitarles derechos a los trabajadores directos. No pudo acabar con el sindicato, pero se la jugó toda en el intento.

Su aguinaldo del 2002 para los trabajadores fue la ley 789 del 27 de diciembre de ese año. Gracias a esa reforma el día de los trabajadores de Colombia se extiende hasta las 10 de la noche sin lugar a recargo alguno. El pago por trabajo dominical es insignificante y los despidos son muchos más baratos. Ese mismo año con la ley 790 acabó el Ministerio del Trabajo y lo fusionó con el de salud, demostrando la poca importancia que tendrían los trabajadores durante su gobierno.

Con la Ley 797 de 2003 o reforma pensional, aumentó la edad y el número mínimo de semanas laboradas para el retiro tanto para hombres, como para mujeres.

El final de ese mismo año, hizo aprobar por el congreso el “Estatuto Antiterrorista” con el cual le concedió facultades de policía judicial a las Fuerzas Militares y permitía capturas e interceptaciones sin orden judicial previa. Por fortuna, la Corte Constitucional en menos de un año declaró esa ley inconstitucional. Pero por esa y otras decisiones contra su gobierno, Uribe permeó de figuras como Pretelt a la guardiana de la Constitución.

En el año 2005 tramitó y llevó a norma constitucional la prohibición de que los sindicatos pudieran negociar normas pensionales y acabó regímenes exceptuados dejando solo el de las fuerzas militares. En el año 2006 hizo aprobar por el congreso la ley 1118 de 2006 con la cual abrió a Ecopetrol S.A. al capital privado.

Durante los 8 años de gobierno de Uribe Vélez aumentaron las violaciones a los derechos humanos contra mujeres sindicalistas, contra docentes sindicalizados, y hoy es mayor la responsabilidad estatal en todas las violaciones, frente a lo ocurrido entre 1996 y el 2002. Recordemos el episodio del DAS y sus alianzas con grupos paramilitares que también sirvió para perseguir sindicalistas. (Ver informe)

En sus dos gobiernos, Uribe Vélez favoreció la violencia antisindical a través de un discurso sistemático de señalamiento a los sindicatos como organizaciones subversivas o arruinaempresas en los inolvidables Consejos Comunitarios. El gobierno decidió no cumplir la recomendación de la Comisión de Normas del 2009, que le instó a dar “mensajes del más alto nivel sobre la importancia de las organizaciones sindicales”.

Los trabajadores y sindicalistas estamos llamados a no olvidar el grave impacto que sobre todos nosotros ha tenido Álvaro Uribe Vélez a lo largo de su larga carrera política. Tenemos el reto de convocar a las mayorías explotadas hacia una alternativa diferente al modelo neoliberal que sigue representando Santos, pero más aún Uribe.

ADENDA: Por estas y muchas más razones no hay que legitimar a Uribe y su partido el próximo 2 de abril.