A un año de la muerte de Orlando Ambrad

Hasta siempre Chocho

Por Alberto Herrera.

Era mediado de año 1973, la ola del movimiento estudiantil de los 70´s se iba diluyendo; para muchos jóvenes dentro de los que me contaba, la agitación estudiantil llegaba al final. La tarea estaba hecha, las reivindicaciones se habían alcanzado. Miles de activista a quienes nos cerraron las puertas de la universidad, pensando que así nos “domesticarían”, salimos con la satisfacción de haber mostrado aspiraciones y metas propias, y aunque quedamos en la calle, nos sentimos fortalecidos y con nuevas fronteras. Fueron fructíferos años que marcaron a esa generación de jóvenes. Decidimos entonces con cientos de compañeros en todo el país, conocer de cerca cómo vivían otros sectores poblacionales, sus fortalezas y debilidades, y nos “tiramos al barro”. Aterricé en Cartagena, venía de Bogotá con Simón compañero de batallas, debíamos buscar al médico Orlando Ambrad. Poco conocíamos de su historia; pero estar a orilla del Caribe, sentir la brisa fresca, la espontaneidad de sus gentes y los sones musicales, ya eran motivo de entusiasmo y alegría.

Fue en una pequeña oficina en el centro amurallado, donde Orlando atendía en la tarde sus actividades políticas, donde nos encontramos. Indagó por nuestra experiencia en política, que era poca; por nuestro origen y razones de irnos para la costa; mejor dicho, nos midió el aceite, y si nosotros emprendíamos una misión desconocida, él percibió la convicción que traíamos como “descalzos”; hoy varias décadas después confirmo que pasamos la prueba en ambos sentidos. Él nos acogió y fue un gran guía desde el principio; como conocedor del departamento nos alentó, nos mostró las posibilidades que teníamos para avanzar, nos advirtió de las dificultades y de la debilidad de nuestra fuerza.

La medicina era su profesión pero la política su pasión. Era analítico y revolucionario, irreverente y mamador de gallo. Tuvo gran respeto y admiración por Francisco Mosquera quien lo sedujo con la propuesta de crear un frente único amplio de más del 90 % de la población para transformar el país, “Mosquera dejó una herencia importantísima, demostró que si hay posibilidad de aliarse con un sector de la burguesía que defiende la nación, ahí fue donde yo aprendí en qué consiste ser democrático”1. Lo admiró también por “su condena al secuestro y su lucha contra el foquismo y el abstencionismo”2, al punto que participó en elecciones de 1972, saliendo elegido concejal en El Guamo (Bolívar) mientras realizaba el año rural. A su regreso a Cartagena encabezó un trabajo entre los obreros y en los barrios, y emprendió correrías por todo Bolívar.

Orlando no solo nos recibió cálidamente; él abrió el camino a una generación de cuadros que nos quitamos las ataduras de toda clase para en el terreno, lanzarnos a conquistar el corazón de los trabajadores en la cuidad y el campo. Simón se quedó un tiempo en Cartagena, yo me trasladé a Magangué donde me recibieron: un militante de toda la vida, Alberto Moreno poseedor de un puesto de zapatería en el mercado, Eduardo Gutiérrez terminando derecho, ya ambos fallecidos, y un grupo de estudiantes de bachillerato del Vélez, con quienes sin perder tiempo, adelantamos la campaña de la Unión Nacional de Oposición, UNO, con Hernando Echeverry Mejía de candidato presidencial. Fue una experiencia inolvidable y nos sirvió para recorrer el departamento con Orlando y Marcelo Torres, nuestras figuras públicas, y conquistar nuevos seguidores.


Foto: En el parque de San Juan Nepomuceno, en acto de campaña aparecen de izq. a der. Orlando Ambrad, Pedro dirigente local, Alberto Herrera, Gustavo Duncan, Marcelo Torres, Hernando Echeverry Mejía y Francisco Mosquera. (Tomado de Tribuna Roja).

Rápidamente Magangué se convirtió en el centro de actividades de esta corriente política en el Sur de Bolívar. Desde allí pudimos llegar a regiones más apartadas, invitados por sus pobladores que vieron en nuestra organización la oportunidad de sacudirse de los caciques tradicionales y resolver necesidades que parecían insolubles. Orlando no fue ajeno a este envión, por el contrario, ahora que llegábamos a sitios donde todo hacía falta, promovió brigadas médicas donde no conocían médico. La actividad y las responsabilidades se incrementaron, llegaron más compañeros, maestros y enfermeras, el Centro Médico que dirigía Roberto multiplicó la atención y mejoró la salud de la región, se fomentaron actividades deportivas y culturales, Ángel publicó “El Pequeño Periódico” y se crearon cooperativas que impulsaron la producción campesina. Jamás olvidaré una noche a orilla del rio Cauca en una presentación de “La agonía del difunto” del Teatro Libre cuando un campesino se paró, sacó su machete y corrió al escenario “a matar a este terrateniente hp”, estuvimos en dificultades para detenerlo.

El Chocho, como siempre se le conoció a Orlando por la persistencia y obsesión en sus ideas y principios, hacía parte de la comunidad árabe y pertenecía a una familia de reconocidos médicos cartageneros. Era un distinguido dirigente de la izquierda democrática con gran aceptación entre los sectores populares, pero además era respetado en todos los estamentos políticos y sociales. En la preparación del escenario de la manifestación de las elecciones de 1978 con Jaime Piedrahita como candidato presidencial, la plaza de los Coches en el sector amurallado amaneció atiborrada de propaganda. Furioso, el alcalde del momento, Juan Arango, citó a Orlando a su despacho y le prohibió la manifestación a menos que retirara de inmediato la publicidad, “así lo haremos” dijo el Chocho. A las 5 pm, hora del acto, la plaza permanecía tapizada de propaganda, la expectativa era grande, la gente agolpó el escenario para presenciar el desenlace del pulso: la plaza se llenó. Al día siguiente empresas públicas retiró la publicidad. Su trato con todos era fraternal y amable, tanto que a su consultorio en la Clínica de Tumores de Cartagena le llegaban pacientes de toda la costa que siempre atendía. Aficionado al futbol, lo practicamos a pie limpio en la playa de Cartagena en múltiples ocasiones. Orlando nos enseño las aromas y los sabores de la deliciosa comida árabe, era un buena vida y la reclamaba como un derecho de todos.

Producto del trabajo abnegado y bien orientado, tomó forma y fuerza una corriente que, alejada del engaño y la corrupción tradicional, alcanzó alianzas con dirigentes de la región, adelantó proyectos productivos que incrementaron los ingresos de los campesinos y eligió una docena de concejales en municipios de los sures de Bolívar y Sucre. Así surgió en la región una opción novedosa, que alcanzó su mayor auge con la realización del Encuentro de Cooperativas Campesinas en Montecristo, reunión de más de 250 delegados campesinos de una treintena de poblados y veredas de los sures. Fue el punto culminante de esta notable campaña.

Pero la situación de pronto cambió, Orlando lo percibió rápidamente. Su entusiasmo se había transformado en desmotivación “por las dificultades para hacer política”3, pues la guerrilla que apareció en la zona, “arremetía contra nuestra fuerza en el Sur de Bolívar”4. La violencia se incrementaba al amparo de políticas de paz y el Estado no daba garantías. En Montecristo facciones guerrilleras sabotearía los comicios que eligieron a Barco a la Presidencia, y el lunes los cuadros que aun permanecían en la zona salimos apurados de los distintos puntos. El siguiente miércoles ese mismo reducto ajustició en el camino a Lucho Ávila, gerente de la cooperativa de El Dorado; venían de asesinar en su propia casa a su padre, Clemente, brillante dirigente campesino. Meses atrás, las Farc ya habían acribillado al “Toche” Rolón, al otro lado de la Serranía en una vereda de San Pablo, donde la cooperativa construía un puente. El golpe fue irreparable. Para colmo de males y desilusión de Orlando, en China el partido de Mao después de su muerte, daba un viraje y abandonaba la lucha del proletariado.

Y fue precisamente por esos días, que el Chocho conoció a una visitante italiana, Emanuella, quien con los años se convertiría en la madre de Eleonora su nueva hija; ya crecía Salomón, quien estudiaba en Cartagena. Resolvieron a la postre, establecerse en Roma donde reforzó sus conocimientos de oncología. Aunque nunca más sería activista en política, permanecía a la expectativa.

Los que de verdad conocimos a Orlando, no encontramos una mancha que distorsione su epopeya revolucionaria. Voces de la extrema derecha en su orfandad, pretenden distorsionar el diáfano comportamiento de un soñador.

Siempre sentimos tu apoyo, asumiste una actitud fraternal y solidaria y luchaste por la felicidad del pueblo. Te admiramos y te respetamos.

Hasta siempre Chocho.

Por Alberto Herrera.

Notas:
1- - “Francisco Mosquera 21 autores en busca de un personaje” El Fogonero.