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  • No es mentira que la política de Seguridad en Bogotá es pura palabrería.
  • No es mentira que Peñalosa se ha opuesto de mil maneras a la construcción del Metro de Bogotá.
  • No es mentira que Peñalosa no escucha.
¿Por qué nos la jugamos con Petro y la Bogotá Humana?
Yezid García y Gustavo Petro

Por Yezid García Abello, Concejal de Bogotá por la Alianza Verde

Hoy, que la Bogotá Humana –en cabeza de su gestor y líder Gustavo Petro Urrego– es atacada y vilipendiada por sus enemigos y contradictores…

Hoy, cuando la mayoría de candidatos a la alcaldía de Bogotá pretenden obtener el apoyo de la ciudadanía cabalgando sobre supuestos errores y falencias de esta administración…

Hoy, que los medios de comunicación pagados por quienes quieren “recuperar” la Alcaldía para ponerla al servicio de intereses privados y monopólicos, se dedican a desconocer los avances sociales de éste gobierno y recalcan con saña en algunas metas que no se cumplieron por diferentes motivos…

Hoy, que el presidente Santos “le hace conejo” a los bogotanos y al alcalde, cuando quebranta y desconoce el compromiso de financiar el 70% del Metro que anunció con bombos y platillos…

Hoy, que el procurador Ordoñez, el contralor distrital y demás cabezas de los órganos de control están atentos a encontrar el más mínimo motivo para abrir investigaciones judiciales, fiscales, administrativas o disciplinarias al alcalde y a sus funcionarios, para crear la impresión de ineficiencia y corrupción…

Hoy, que algunos amigos y compañeros de Petro ya no están con él, aduciendo problemas y defectos en su personalidad…

Hoy, que antiguos aliados de Petro se empeñan desde la izquierda en descalificar su gestión porque no logró desmontar el entramado de relaciones privatizadoras que todavía subsisten en las empresas públicas del Distrito, sin tener en cuenta que con sólo el primer intento desprivatizador en el área de aseo, estuvieron a punto de sacarlo de la alcaldía…

Hoy, que Petro está en la etapa final de su gobierno, que entramos en la recta definitiva de la campaña electoral para elegir su reemplazo y que todos a una, como en Fuenteovejuna, arremeten contra el alcalde…

… es el momento preciso y oportuno de reiterar y hacer explícita nuestra posición irrestricta de defender –en primera línea–, la filosofía, la política, el Plan de Desarrollo y las realizaciones de la Bogotá Humana.

Y es que nuestro respaldo a la Administración capitalina liderada por Gustavo Petro no responde a un interés coyuntural ni electoral. Se trata de defender un modelo de ciudad de corte moderno, donde el ser humano y la naturaleza sean el principal objetivo del desarrollo y de la atención del gobierno local. Es por ello, la más avanzada propuesta desde la izquierda democrática.

Un primer aspecto a resaltar es que Petro enfrentó antes y durante su gobierno a los carteles de la corrupción que se habían incrustado en la Administración de la ciudad y estaban saqueando las arcas públicas. Es por esa razón, por su vertical lucha contra la corrupción, que una buena parte del pueblo bogotano lo premió y lo eligió. Y por esa misma razón, durante estos 44 meses de gobierno sus enemigos han realizado infructuosamente innumerables intentos por enlodarlo con supuestos actos de corrupción que no han podido comprobar.

Una segunda razón tiene que ver con su compromiso con el cambio. Por primera vez un alcalde se enfrenta decididamente a las élites económicas y financieras que se han apropiado de los activos públicos de la ciudad y sus habitantes. Empezó con los empresarios que se habían apropiado de la contratación del servicio de aseo y organizado un monopolio privado para enriquecerse a costa de los bogotanos. Es oportuno recordar que las concesiones privadas del servicio de aseo fueron otorgadas en gobiernos distritales dirigidos por los que ahora quieren “recuperar” la alcaldía para ponerla al servicio de esos intereses. Ese intento de Petro le costó la destitución e inhabilitación política por 15 años a manos del Procurador Ordoñez, medida impugnada ante el Consejo de Estado.

En tercer lugar, Petro ha planteado coherentemente tres tareas de dimensión universal: La lucha contra la segregación social, que en la actualidad se manifiesta a nivel global con la problemática de los migrantes y desplazados por causas económicas y/o políticas; la lucha contra el modelo de desarrollo que ha causado una masacre laboral sin precedentes y una hecatombe ambiental que se concreta en los efectos desastrosos del cambio climático; y la defensa de lo público que es la principal bandera de nuevos movimientos políticos que en diferentes continentes trabajan por el rescate de la democracia para el pueblo, y con su acción enfrentan y ponen al desnudo el poder corruptor y hegemónico del gran capital financiero que ha convertido a los gobiernos en simples gerentes de sus negocios.

En esas tres tareas la administración de la Bogotá Humana muestra ejecuciones importantes. No vamos a mencionarlas en detalle por cuanto ya las hemos destacado en anteriores artículos, pero sí es importante reiterar y enfatizar los avances sociales alcanzados en salud, educación, inclusión social, defensa del ambiente, reducción de las tarifas de los servicios públicos y del transporte, desarrollos culturales, reivindicación de los derechos de grupos sociales discriminados, defensa de los derechos de los animales, etc., que a pesar de los limitantes impuestos por las políticas neoliberales de carácter nacional, se han podido impulsar y concretar en beneficios reales y visibles para amplios sectores de la población eternamente marginada y excluida.

No queremos tampoco negar los errores o fallas que se hayan podido cometer durante estos tres años y medio. Es indudable que se sobredimensionaron algunas metas, lo que explica algunos incumplimientos. No podemos tampoco desconocer que, en algunos casos, Petro casó peleas innecesarias y dio muestras de intemperancia ante el acoso mediático y político. Somos humanos y nos equivocamos. Sin embargo, son aspectos secundarios que se pueden y deben mejorar hacia el futuro.

Es también evidente que faltó desarrollar un amplio y sistemático proceso de organización ciudadana y comunitaria para poder neutralizar y derrotar a las burocracias que siguen incrustadas en la administración distrital. Es una meta que requiere de mucho más que la voluntad del gobernante. En fin, nada es perfecto en la vida pero la honestidad y la intencionalidad del alcalde están a la vista de todo el mundo. Son incuestionables.

Así mismo, un aspecto que no podemos olvidar es que Petro se apoyó con decisión en el pueblo para defender su proyecto político y social. Convocó y encabezó la movilización popular contra la arbitrariedad y la injusticia, enfrentó sin ambages y sin temor las decisiones sancionatorias del Procurador Ordóñez y sus aliados, mostrando su temple de líder social y su confianza en las bases populares. La gente lo gratificó y acompañó en esa gesta.

Pero además de lo anterior, es importante insistir en otras razones que nos han llevado a estar al lado de la política de la Bogotá Humana y de Gustavo Petro. Son razones que no han sido tan explícitas pero que se hace necesario expresar por cuanto tienen que ver con la estrategia que la sociedad colombiana, los pueblos de América Latina y del mundo, tenemos que desarrollar para enfrentar los graves problemas que vive la humanidad y que debemos resolver si queremos sobrevivir como civilización humana y garantizar una vida digna a todos los habitantes de la tierra.

En forma sintética expresamos esas razones:

Petro ha sido absolutamente coherente y consecuente con la lucha por la transformación política, social y económica de nuestro país utilizando creativamente las pocas herramientas civilistas que permite la restringida democracia colombiana. Después de su desmovilización con el M19, no se acomodó al sistema y continuó enfrentando al régimen oligárquico. Su compromiso con la paz no ha sido retórico sino práctico y concreto.

Compartimos con este dirigente político la necesidad de enfrentar y derrotar las políticas neoliberales impuestas por el capitalismo global. Creemos que esa es una tarea que implica nuevas formas de lucha y de acción democrática que nos obligan a buscar conexión con el 99% de la población mundial. Para hacerlo debemos superar las visiones estrechas que nos impedían encontrarnos con amplios sectores de la población que han levantado importantes banderas de lucha. Debemos apoyar toda acción contra la discriminación racial, étnica, social o de género, por la defensa de la naturaleza, los derechos de los animales, nuevas expresiones culturales, la democratización de los medios de comunicación social, el internet libre y otras reivindicaciones democráticas. Ese encuentro con lo que hoy se denominan las “nuevas ciudadanías” nos permite aislar al máximo a la exigua minoría que representa las elites financieras capitalistas y sus aliados.

Hemos comprendido que no podemos esperar a que ocurra una revolución social y política que lo cambie todo de un tajo. La vida, las luchas y las revoluciones de los siglos XIX y XX nos han enseñado que la sola revolución política no es suficiente. Que el acceso a los aparatos de Estado y gobierno debe estar acompañado de avances en el terreno de la cultura que nos permitan involucrar en la tarea transformadora a millones de personas. Que la obra revolucionaria no debe recaer sólo en algunos dirigentes que se encargan de “gestionar los cambios desde arriba”, lo cual lleva al burocratismo y genera condiciones para la corrupción. Este planteamiento nos lleva a concluir que mientras se acumulan y consolidan las fuerzas políticas y sociales para realizar los cambios estructurales, debemos impulsar y plasmar transformaciones concretas en lo local y regional, en lo económico y cultural, en lo educativo y ambiental, construyendo –en medio de esas acciones–, formas nuevas de democracia directa, representativa, deliberativa y participativa.

Por todas las anteriores razones nos la estamos jugando con la Bogotá Humana y con Gustavo Petro. Aspiramos que la nueva Administración se conserve en manos de la izquierda democrática y que los avances logrados se mantengan y se profundicen. Nuestra apuesta es total y no tenemos ninguna duda que el pueblo apoyará mayoritariamente a quienes tengan el propósito de continuar con la dirección trazada y no renieguen de lo construido. A eso aspiramos el próximo 25 de octubre y trabajamos con entusiasmo y convicción para lograrlo.

Bogotá, 11 de septiembre de 2015

E-mail: yezgara@yahoo.es / Twitter: @yezidgarciaa

Bogotá, ciudad mestiza, multicultural e independiente
Bogotá, ciudad mestiza

Por Yezid García Abello, Concejal de Bogotá por Alianza Verde

En el anterior artículo (http://bit.ly/1L966CK) hicimos una mínima aproximación a lo que es la naturaleza social de Bogotá. Decíamos: “(…) esta ciudad ha sido un ejemplo de espíritu de asimilación e integración de los migrantes y desplazados. Los bogotanos, que en su mayoría son de origen provinciano y rural, reciben bien y se muestran solidarios con la población que llega continuamente a la ciudad.”[1]

Algunos lectores me han sugerido profundizar en el análisis de la naturaleza social de nuestra ciudad capital. Hoy, que estamos a menos de 2 meses de unas elecciones cruciales de alcalde, concejales y ediles, es necesario abordar algunos aspectos de lo que somos como conjunto social, de las características más relevantes de una urbe metropolitana que crece a diario y enfrenta los retos de profundizar la tarea de construir democracia, integración social y bienestar colectivo. Presentamos algunas cifras sobre este complejo tema y un sintético análisis a manera de ejercicio introductorio sobre lo que es el “ser bogotano”.

De acuerdo al historiador Eduardo Posada desde la misma fundación de Bogotá se remarca el origen mestizo y multicultural de la ciudad. En sus narraciones sobre la ceremonia que le dio vida jurídica al nuevo poblado dice: “jefes y soldados, extranjeros y chibchas, se entregaron a festejar el bautismo de aquella ciudad (…). Todos se dirigieron a las orillas del río Fucha, y allá hicieron carreras de caballos, danzas y juegos de cañas embebidos de chicha y vino”[2]. Como consecuencia, unos meses después nacieron las primeras bogotanas y bogotanos mestizos, origen de la diversa e incluyente ciudad actual.

El explorador, militar y sacerdote español Juan de Castellanos escribió en “Elegías de Varones Ilustres de Indias” los siguientes versos en su honor: “¡Tierra buena, tierra buena! / ¡Tierra que pone fin a nuestra pena! /Tierra de oro, tierra bastecida, / Tierra para hacer perpetua casa, / Tierra con abundancia de comida, / Tierra de grandes pueblos, tierra rasa, / Tierra donde se ve gente vestida, / y a sus tiempos no sabe mal la brasa: / Tierra de bendición, clara y serena, / ¡Tierra que pone fin a nuestra pena!”[3]

En Bogotá, al igual que en el resto del país, se ha desarrollado durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI un proceso de urbanización acelerado. Existen complejas razones políticas y sociales como la violencia y la pobreza que explican la migración del campo a la ciudad, lo que ha determinado un crecimiento exponencial de la población en este enorme centro urbano y el establecimiento de cinturones de miseria en sus alrededores.

Según cifras del DANE, en el año 2010 Bogotá contaba con una población de 7’363.782 habitantes, con proyección para el 2015 de 7’878.783 habitantes. De acuerdo a esas estimaciones, el área metropolitana (con municipios cercanos) ya supera los 10 millones de habitantes. Es la capital industrial y financiera del país, participa aproximadamente con el 25% del PIB industrial y más del 50% del PIB financiero, es el principal eje de atracción de la inversión extranjera directa y el mercado de mayor tamaño a nivel nacional.

Dimensionando a las localidades que conforman el Distrito Capital y considerando las ciudades del país con población mayor de 300.000 habitantes, la ciudad ubica 10 de sus localidades por encima de ese umbral. Las localidades de Suba y Kennedy sobrepasan el millón de habitantes. En 2015, estas localidades fueron superadas en población tan solo por Medellín, Cali y Barranquilla y están por encima de Cartagena. Siguen en orden Engativá y Ciudad Bolívar, que superan a Cúcuta. Bosa, con más habitantes que Soledad, Ibagué y Bucaramanga, completa las 5 localidades con más de medio millón de residentes. Usaquén tiene más habitantes que capitales departamentales como Pereira, Santa Marta, Villavicencio, Pasto, Montería y Valledupar. San Cristóbal supera a Manizales. Usme y Rafael Uribe Uribe a Buenaventura; y Fontibón, con 380.453 habitantes, supera a Neiva y completa, con esta ciudad, las 29 áreas del país con más de 300.000 habitantes. Así, Bogotá podría albergar la población de Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena y Cúcuta, juntas[4].

Según la Consultoría para los Derechos Humanos, CODHES, en el periodo 1999-2005 llegaron a Bogotá más de 260.000 desplazados, aproximadamente el 3,8 % del total de la población de Bogotá[5]. Las localidades donde se concentran la mayoría de la población desplazada son: Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa y Usme.

Pero lo más importante de resaltar de Bogotá en cuanto a su composición social es que recoge una población heterogénea y plural, llegada de todos los rincones y regiones de Colombia, llenos de sueños y de ilusiones, esperanzados en construir una vida nueva y diferente a la que tenían en sus lugares de origen. La diversidad y multiculturalidad es la característica principal de la Capital.

Según la Encuesta Multipropósito, realizada en 2014 por la Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá, se pudo establecer que el 42,4% de las personas encuestadas se auto-reconocieron como de etnias negra, mulata, o afrodescendiente; un 20,9% indígena, el 19,4% mestizo(a)s, un 9,59% como blancos, y en menores proporciones las etnias raizal, ROM, y palenquera, con porcentajes de del 0,64%, 0,42%, y 0,5%, respectivamente[6].

Los departamentos que aportan el 59% de los migrantes hacia Bogotá son: Cundinamarca con 599.111 (22%), Boyacá y Casanare con 546.301 (20%) y Tolima y Huila con 463.782 (17%); los siguen los Santanderes (17%), el Eje Cafetero (9,7%), la Región Atlántica (9,2%) y la Región Pacífica (7,2%). Con 130.026 migrantes hacia el Distrito Capital, que corresponde al 1,7%, se encuentra la población procedente de municipios ubicados en otros departamentos.[7]

Las anteriores cifras nos permiten apenas visualizar la complejidad de una ciudad que alberga la diversidad social, étnica, cultural y regional de la Nación colombiana. Lo más importante es que buena parte de la gente migrante, venida desde diferentes ciudades y regiones de Colombia, pareciera liberarse mental y psicológicamente al momento de abandonar su lugar de origen y llegar a Bogotá.

Es evidente que la mayoría de la población que fue desplazada por fenómenos de violencia política o por necesidades económicas, convierte su viaje a Bogotá en un acto de rebeldía y de liberación. Se rebelan contra las condiciones que en sus regiones los obligaron a migrar. Se liberan de relaciones de dependencia, subordinación y clientelismo político que, consecuentemente, no pueden reproducir en la capital de la república. Y con esa actitud han alimentado un sentimiento de independencia política y carácter democrático, que se ha manifestado por más de medio siglo en Bogotá y con mayor fuerza en la década de los años 90s del siglo pasado.

Bogotá en ese sentido es la avanzada democrática y la vanguardia de la lucha social en Colombia. Tres períodos de gobierno en la alcaldía distrital en manos de la izquierda democrática así lo demuestran. Los avances sociales son evidentes así se hayan cometido errores, algunos más graves que otros, pero es indudable que se ha logrado mejorar las condiciones de vida de los grupos de población más pobre y vulnerable de la ciudad, aunque falta mucho por hacer.

La Bogotá Humana encabezada por Gustavo Petro ha contribuido sustancialmente en esa tarea. Se hace necesario que la próxima administración continúe por ese camino, seguramente con mayor experiencia y capacidad. Estamos seguros que la diversidad cultural y la independencia política de los bogotanos se van a seguir combinando y potenciando para hacer de esta ciudad un mejor ambiente de vida para todos. Esa será, estamos seguros, la cuota inicial de los cambios que requiere con urgencia todo el país.

Con ese espíritu trabajamos por la unión de las fuerzas democráticas. Es la principal condición y garantía para impedir que las fuerzas políticas que representan el pasado “recuperen” la ciudad para ponerla al servicio de intereses privados. Los monopolios de la tierra, del capital, de la construcción y el comercio, pretenden utilizar la administración distrital y los recursos públicos de la capital para profundizar la entrega de nuestros mercados a las grandes transnacionales capitalistas y acabar de someter a los trabajadores a la súper-explotación de un modelo neoliberal que hace crisis en todo el mundo.

¡No lo permitiremos! La Bogotá diversa y pluricultural demostrará en las próximas elecciones que la lucha por la democracia cuenta con una ciudadanía capitalina que valora los avances sociales y ambientales y que los defenderá por encima de todo.

Bogotá, 4 de septiembre de 2015

E-mail: yezidgarciaa@gmail.com – Twitter: @yezidgarciaa

https://yezidgarciaconcejal.wordpress.com

[1] García Abello, Yezid (2015). “El inmigrante no es un delincuente: es una víctima de la depredación capitalista”.

[2] Posada, Eduardo (1906). “Narraciones”, Bogotá.

[3] De Castellanos, Juan. “Elegías de varones Ilustres de Indias”, poema épico escrito a finales del siglo XVI.

[4] Secretaria Distrital de Bogotá. (2015). “Inventario de información estadística sobre Bogotá”.

[5] CODHES. “Boletín de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento”. Bogotá, 2006

[6] Secretaria Distrital de Bogotá. (2014). “Poblaciones, demografía y diversidad: hacia la inclusión y la equidad en Bogotá”.

[7] Ídem., óp. Cit.

El inmigrante no es un delincuente, es una victima de la depredación capitalista
Inmigrantes sirios

La problemática de los inmigrantes hoy es noticia en el mundo y en Colombia. Cientos de miles de jóvenes africanos exponen a diario sus vidas atravesando el Mar Mediterráneo en precarias embarcaciones. Muchos de ellos mueren ahogados en el intento. En Norteamérica miles de trabajadores mexicanos y centroamericanos se enfrentan al enorme muro que el gobierno de los EE.UU. construyó para impedir su paso. Allí se exponen a ir a la cárcel o a recibir un balazo. En Europa miles de sirios huyen de la guerra y cruzan Serbia y Hungría con el sueño de llegar a la zona “shengen”. Y en Venezuela, más de un millar de colombianos son expulsados del país acusados de ser paramilitares y delincuentes. Es un drama humanitario que se presenta en muchas otras regiones del mundo. Y de seguro, se va a acrecentar.

¿Qué es lo que está ocurriendo? ¿En qué se diferencian estas migraciones a otras que ocurrieron en los siglos XIX y XX? ¿Cuál es su particularidad y esencia?

En primer lugar, es importante destacar que el ser humano es por naturaleza migrante, viajero, aventurero. Siempre en búsqueda de una vida mejor, con bienestar y seguridad. Lo hizo desde el principio nuestro ancestral homínido y en ese proceso se transformó en “hombre moderno”. Así surgió la humanidad de la madre África y colonizó el planeta tierra. Todos los pueblos y naciones se han alimentado de múltiples migraciones a lo largo del tiempo. Sin embargo, nunca estas movilizaciones humanas habían llegado al grado de riesgo que muestran las actuales migraciones, en donde se observan conductas desesperadas y suicidas.

Segundo, es necesario mencionar las diferentes clases de migraciones que ocurren en forma simultánea. Mientras millones de jóvenes con cierto grado de cualificación educativa y formación profesional huyen de sus países pobres y dependientes, buscando el supuesto “progreso” en el mundo desarrollado del “norte”, otro grupo de personas de esa parte del planeta –incluso más grande y numerosa–, viaja en plan de turismo, diversión y entretenimiento hacia el “sur”. Paradójicamente, individuos de la tercera edad de esos países ricos deciden pasar sus últimos años en pueblos de la periferia, alejados de una “civilización” hipertrofiada por la congestión, la contaminación ambiental y el consumismo obsesivo.

Así, se conjugan y superponen diferentes clases de migraciones: programadas y espontáneas; masivas e individuales; por causas económicas o por impacto de guerras y conflictos; temporales y definitivas; conflictivas y asimilables. Y de esas diferencias aparecen entonces inmigrantes legales e ilegales, refugiados y asilados, perseguidos o bien tratados, legalizados y expulsados. Normas internacionales y nacionales tratan de reglamentar esta problemática pero más de las veces se quedan cortas frente a una realidad apabullante que asume la forma de una nueva clase de resistencia pero, a la vez, de guerra de exterminio.

Un tercer aspecto que debe analizarse consiste en que las grandes migraciones –individuales o colectivas– del sur hacia el norte, son ocasionadas fundamentalmente por fenómenos económicos relacionados con el nuevo tipo de acumulación capitalista: la desposesión (http://bit.ly/1JBguBZ). La lógica de la ganancia capitalista ya no solo está centrada en la producción y en la generación de empleo precario en los países de la periferia. La apropiación de territorios por parte del gran capital y la reprimarización de las economías de las naciones subordinadas, empuja a millones de seres humanos a la pobreza, la indigencia y la desesperación.

En ese ámbito de conflicto se desarrollan fenómenos que los Estados nacionales no controlan. Diversas clases de violencias han aparecido en todos los continentes. Todo tipo de tráficos ilegales (drogas, armas, personas, combustibles, mercancías, información, pornografía, etc.) se han convertido en nuevas economías subterráneas que son estimuladas y manejadas por la gran burguesía financiera, canalizando dineros y recursos surgidos en medio de la violencia y el crimen. Amplios grupos de migrantes son obligados a ser instrumentos de esas economías “ilícitas” pero que sirven al mismo objetivo de acumulación por desposesión.

Frente a esta problemática, los grupos políticos más reaccionarios utilizan falsos nacionalismos para atizar la xenofobia y el racismo. En Europa importantes sectores políticos han construido su fuerza con base en el rechazo a esta población y la aprobación de normas legales para expulsarla e impedir su entrada al continente. En EE.UU. el precandidato republicano Donald Trump cabalga sobre consignas anti-inmigrantes, lo que le ha traído grandes réditos entre un sector de la población. Aparece como el favorito entre los posibles votantes de esa corriente política. Los inmigrantes mexicanos, latinos e “hispanos”, han sido objeto de sus agresivos ataques que rayan en la locura. Esas fuerzas de derecha le han hecho creer a amplios sectores de la población que la crisis económica y la quiebra moral que sufren sus sociedades son causadas por la presencia de inmigrantes y razas impuras.

En Colombia la problemática se centra en la situación de miles de colombianos residentes en la frontera con Venezuela que están siendo expulsados por el gobierno venezolano. Se ha construido en la nación hermana una matriz ideológica que trata de explicar la violencia que vive ese país, principalmente delincuencial, con la supuesta exportación desde Colombia de grupos paramilitares. Se desconoce así que el fenómeno de la expansión de la delincuencia y las violencias relacionadas, es un problema más complejo asociado al modelo económico neoliberal, a la dependencia del petróleo, a la corrupción de las mismas autoridades civiles y militares, y a la influencia de las economías “ilegales” transnacionales que asolan la sociedad planetaria.

Es indudable que el caso colombiano es bastante atípico. Más de 9,5 millones de colombianos han migrado en los últimos 40 años. La violencia política, la expropiación violenta de la tierra a millones de campesinos, la desindustrialización de la economía, las precarias condiciones laborales, la falta de oportunidades y la ausencia de una democracia plena, obligó a casi la quinta parte de los colombianos a buscar en el exterior lo que no podían conseguir en su país.

Según cálculos aproximados más de 5 millones de nacionales viven en Venezuela. En EE.UU. se calcula la presencia de 2 millones. En Ecuador son 500.000 colombianos. En países como Panamá, Costa Rica, México y Argentina las cifras en conjunto superan los 200.000. En Europa otro tanto, y los demás están regados por todo el mundo. Ha sido una diáspora callada, sorda, ocultada y minimizada por teorías que justifican esa tragedia humana en un supuesto espíritu aventurero de los colombianos, encabezados por los “paisas” (antioqueños).

Pero esa situación también se ha vivido en lo interno. Migraciones forzadas de más de 6 millones de campesinos los ha llevado a refugiarse en los grandes centros urbanos, especialmente en Bogotá, que hoy ya cuenta en su área metropolitana con más de 10 millones de habitantes. Sin embargo, esta ciudad ha sido un ejemplo de espíritu de asimilación e integración de los migrantes y desplazados. Los bogotanos, que en su mayoría son de origen provinciano y rural, reciben bien y se muestran solidarios con la población que llega continuamente a la ciudad. Esa actitud espontánea ha sido totalmente interpretada por la actual administración de la Bogotá Humana, impulsando una política integral contra la segregación social que es un objetivo fundamental de su plan de desarrollo.

De esta experiencia deben aprender los gobiernos de los países receptores de migrantes. Basta ya de estar discriminando y persiguiendo al inmigrante. El alcalde Gustavo Petro ha ofrecido la ciudad para albergar y atender a los nacionales colombianos expulsados de Venezuela (http://bit.ly/1Vd8dMW). Ese ofrecimiento humanitario se constituye en un mentís para quienes quieren hacer creer que todos los colombianos de frontera han sido permeados por el paramilitarismo o son delincuentes.

Sin embargo, en términos generales, la problemática mundial de migraciones incontroladas y masivas requiere de una transformación del modelo de desarrollo depredador del capitalismo salvaje que ha reaparecido en el siglo XXI. Así como la humanidad está degradando el ambiente y la naturaleza, está ocasionado la descomposición de cientos de sociedades humanas, destruye lazos comunitarios de pueblos originarios y genera el caos existencial que lleva a que ocurran fenómenos migratorios de una naturaleza insospechada.

El inmigrante del siglo XXI es una víctima del sistema capitalista. No puede ser tratado como un paria de la tierra y se le deben respetar sus derechos humanos. Expulsiones masivas, señalización discriminatoria y destrucción de sus viviendas, son acciones de naturaleza derechista que le hacen el juego a posiciones políticas reaccionarias.

Así como defendemos los derechos de la naturaleza, de los animales y de todo ser viviente, debemos ponernos al frente de la lucha porque los gobiernos elaboren y apliquen políticas para integrar a los inmigrantes a las diversas sociedades y les ofrezcan todas las condiciones y oportunidades para construir una vida digna y pleno bienestar para sus familias.

Bogotá, D. C., 28 de agosto de 2015

E-mail: yezgara@yahoo.es / Twitter: @yezidgarciaa

Ucrania: preguntas incómodas y respuestas inquietantes. Dossier

Por Varoufakis, Judah, Urtasun, Ferrero, Kakarlitsky, Nikolaidis, Nadal / Revista Sin Permiso

Este Dossier contiene los 7 siguientes textos:

1) Yanis Varoufakis: “Sobre Ucrania: tres preguntas incómodas a los liberales occidentales sobre el derecho de autodeterminación de la minorías nacionales y un comentario sobre el papel de la Unión Europea”;

2) Ben Judah: “Por qué Rusia ya no teme a Occidente”;

3) Ernest Urtasun y Àngel Ferrero: “Ucrania se desgarra entre Occidente y Rusia”;

4) Boris Kagarlitsky “La ‘intervención con algodones’ y el levantamiento de Ucrania”;

5) Andrej Nikolaidis: “Ucranianos, os lo dice un bosnio: la bandera de la UE no es más que un trapo al viento”;

6) Alejandro Nadal: “Ucrania: entre mafias y expansionismo militar”.

7) Harold Meyerson: “Rusia no respeta fronteras. Los EE.UU., tampoco”.

Ecología política, capitalismo actual y políticas de pleno empleo

Una visión post keynesiano-marxista del decrecimiento.

Lo que a continuación se reproduce es la versión castellana del texto de la ponencia presentada por el profesor Brandon Uti a la III Conferencia Internacional sobre Decrecimiento, Sostenibilidad
Ecológica y Justicia Social (Venecia, 19-23 de septiembre de 2012) con el título de "Full Employment & Degrowth: The Social and Ecological Sustainability of The Job Guarantee".

El feminismo socialista en el siglo XXI

Por Johanna Brenner, Revista Sin Permiso

En el siglo XXI las mujeres de las clases trabajadoras - que trabajan en la economía formal, la economía informal, en el campo o hacen trabajo no remunerado - han entrado en la escena política mundial en una sorprendente variedad de movimientos.

Movidas por la guerra capitalista sobre la clase obrera, los cercados que bloquean el acceso a campesinos y agricultores a sus tierras o la destrucción de sus medios de vida, y la crisis consecuente y el reforzamiento de las relaciones destrucción de sus medios de vida, y la crisis consecuente y el reforzamiento de las relaciones feminista y tienen mucho que ofrecer a la izquierda, en su búsqueda a tientas hacia nuevas formas y estrategias de organización.

La Gran Guerra Patria. Prólogo de Fancisco Mosquera

Experiencias de la segunda guerra mundial para tener en cuenta.

La Gran Guerra Patria de la Unión Soviética, de José Stalin, con prólogo de Francisco Mosquera; Ediciones Bandera Roja. Bogotá, agosto de 1980.

Solo el socialismo ofrece la posibilidad de una solución positiva del conflicto palestino-israelí

Foto: Manifestaciones Bogotá en apoyo a Palestina.

El único objetivo en el que pueden converger y forjar una alianza los intereses y las fuerzas de las masas palestinas árabes y hebreas es el socialismo, que es necesariamente un proyecto regional, que no se limita al territorio de Palestina. No hay atajos para derrocar al sionismo.

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